─En la cara no… Por favor… ─suplicaba con lágrimas en los ojos.
La habían atado a una de las farolas del jardín.
Estaban ellos dos solos, iluminados por la luz del foco.
Como si se tratara de una función teatral.
El grandioso espectáculo de una épica tragedia griega representado por dos actores noveles, para el exclusivo goce y disfrute del “Gran Jefe”.
El dramático e íntimo momento en el que Haritz debería mostrar su fidelidad hacia el “Contable”.
─¿Por qué?
─Pensé que… No sé… Que me dejarías… Que… Va a ser el cumpleaños de… Bueno… Les caes bien a los niños y… Bueno… Podría… Algún juguete del almacén…
─Ellos no me dejan otra opción.
─Piensa en los niños…
─Piensa en mi pequeñín. ─le advirtió el “Contable”.
Estaba sentado en un sillón, mirando a través de la ventana del primer piso. Entre sus piernas abiertas, Gaizka preparaba la boca para practicarle una felación.
─No empieces hasta que haya dado el primer golpe. Quiero que esté todo sincronizado.
─De acuerdo. Te va a gustar tanto que vas a pensar que te la estoy destrozando.
─Tengo que destrozártela… ─las lágrimas aparecieron en sus ojos. ─Si no, ellos lo harán con la mía… Y después la tuya.
─Por favor Haritz… Yo te qu…
─Si me quisieras no me habrías jodido de este modo.
─Pero te q…
La linterna descendió como un rayo.
El impacto se escuchó a varios metros.
Haizea no pudo ni gritar.
La sorpresa era demasiado grande.
Al final su príncipe azul la había golpeado.
Una nueva colisión le hizo ver destellos eléctricos en el fondo de sus ojos y antes de darse cuenta perdió el conocimiento.
Su cabeza colgaba lánguida.
Haritz se detuvo.
Miró hacia arriba.
El “Contable” tenía una extraña sonrisa placentera en la cara.
“Necro” hizo un gesto indicando al novato que siguiera con la paliza.
─¡Lo siento mucho, “Hai”!
La linterna siguió cayendo una y otra vez.
Y su cerebro desconectó de aquella carnicería.
“Es una mierda de curro.”
“Ningún trabajo es malo.”
“Estoy orgulloso de ti, hijo.”
“Si te esfuerzas, puede que te hagan un contrato indefinido.”
“Te quiero, papá.”
“Yo también tengo un regalo para ti.”
“Un plato de comida caliente, lleno hasta rebosar.”
“Gracias por hacerme la vida más feliz.”
“Espero que otra vez no te limites a mirar.”
“Los enanos se rieron un montón contigo.”
“Tengo una puta oferta que no vas a poder rechazar.”
“Reventado, como una cucaracha tras un pisotón.”
“Una mancha roja sobre el asfalto.”
Una enorme mancha roja se extendía por el suelo.
Haritz aún tenía la linterna entre las manos.
Cálida.
Húmeda.
Pegajosa.
Pulsó el interruptor de encendido.
La bombilla brilló.
─No la he roto… “¡Señor!” ─escupió las palabras mirando a “Necro”. Sus ojos estaban vacíos de expresión.
Al ver el gesto de “Necro”, los dos gorilas se pusieron en movimiento.
─Si aún está viva llevadla adentro. ─rugió. ─Y si no… ─miró a Haritz.
Los matones se detuvieron esperando las siguientes órdenes.
─¿Señor?
─¡Que os den por culo, inútiles!
─¡Eso es puta! ¡Sigue! ¡Sigue!
Con un estallido, la cara de Gaizka quedo cubierta de semen.
Haritz quedó en el centro de aquel cruel charco de sangre.
Cuando todos desaparecieron se puso a llorar.
─¿Dónde está mi hermana?
─Habrá ido por comida. ─respondió uno de los pequeños.
─¡A ver si trae otra vez fruta en almíbar!
─Yo le ví tocándole el pito al de la comida.
─¡Mentiroso! Mi hermana sólo se lo toca a Haritz.
─¡No! ¡Salió corriendo!
─¡Es un cagueta!
─Tengo hambre.
─¿Jugamos hasta que venga?
─¡Vale!
Los niños corrieron al “Centro de Mando”.
─¿Y los palos?
─¿Dónde están?
─¡Nos han robado!
El suelo estaba vacío.
Sólo había una bolsa de plástico cerrada.
─¿Y eso?
─Ábrela, a ver que tiene.
─Hay un papel escrito.
─¿Qué pone?
“Haizea se ha ido a una misión.
Tardará mucho en volver.
Me ha dicho que cuide de vosotros.
Si tenéis hambre venid al chalet grande.
Una amiga os dará de comer.
He tirado vuestros palos y armas.
Lo de la bolsa es mucho mejor.
Espero que os gusten los muñecos.
Son de un videojuego de mafiosos.
Recordad que debéis compartirlos.
Nunca los traigáis al chalet.
Nunca.
Hay un hombre malo que os los quitaría.
No le gustan los niños.
No le digáis que os los he regalado.
Feliz cumpleaños,
…
…
…
Lo siento mucho.”
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