Eternamente bella (2 de 6)


Una nueva vida se desplegaba ante sus ojos.
¿Cómo debería explicarse si no, el hecho de estar mirándose al espejo y no reconocerse en él?
Tendría que empezar de nuevo.
Desde cero.
Construirse a sí misma partiendo de las experiencias que fuera adquiriendo desde aquel mismo momento.
¿Qué le había pasado?
¿Por qué no recordaba nada?
¿Un golpe en la cabeza le habría causado amnesia?
No lo recordaba.
Pero aquello realmente no era lo importante.
Lo que más le preocupaba era recuperar su identidad.
¿Quién había sido ella?
¿Alguien prescindible?
¿Alguien influyente?
Desconocía esos datos.
Sólo uno latía con fuerza en su cabeza.
Uno que conocía con total certeza.
Ella era bella.
Siempre lo había sido.


Siempre había sido la niña más popular: Su sedoso pelo rubio, sus enormes ojos azules, sus rasgos nórdicos tan preciosamente esculpidos en su rostro.
Paseaba su belleza por los pasillos del colegio, con la mochila llena de libros, desfilando con elegancia como una profesional de la pasarela.
Los niños giraban la cabeza al verla y le pedían besos a cambio de chucherías.
Las niñas feas la miraban con envidia mientras ideaban la forma más cruel de humillarla delante de todo el mundo.
-Vosotras dos la cogéis por los brazos, nosotras tres le bajamos las bragas y tú le haces una foto con el móvil. -tramaban sus compañeras, soñando con poder poseer algún día la magia que Elina desprendía de forma natural.
Pero nunca llegó aquel momento de humillación.
Siempre se encontraba acompañada por un séquito de admiradores que impedían cualquier acción contra ella.
Al cumplir los nueve años, uno de sus “clientes” habituales, un chico dos cursos por encima del suyo, la abordó en el recreo. Estaba nervioso, aunque se le veía con actitud decidida.
-Hola Elina.
-Hola Aitor.
-Quiero hacerte un cambio.
-Ya tengo muchas golosinas. -respondió ella enseñando una bolsa de chicles y piruletas que un compañero de clase le había entregado por dos besos en las mejillas.
-¿Y si te doy esto? -sacó un billete de veinte euros del bolsillo del pantalón, enseñando sólo una parte.
-¿Es de verdad?
-Sí.
-Vale… Te doy un beso. -se acercó a la mejilla de Aitor.
-Ahora no. Al acabar las clases.
-¿Tan tarde?
-Ahora voy a jugar al fútbol.
-Ah.
-¿Quedamos detrás del colegio?
-¿Por qué? Allí no hay nada y me da miedo.
-Es que me da vergüenza que me vean.
-No sé. Mi padre me regañará si llego tarde a casa.
-Sólo va a ser un beso cortito. -agitó el billete en el bolsillo.
-Pero corto. -sus ojos brillaron ante la posibilidad de conseguir tanto dinero.
-Sí.
-Vale.
-Entonces luego te veo.



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