Eternamente bella (4 de 6)


Aquello no tenía sentido.
Había encontrado en el bolsillo del pantalón un carnet de identidad.
Elina Kaunis.
La imponente rubia de la foto era idéntica a la chica del espejo.
Pero esa persona no era ella.
Ella era bella.
Siempre lo había sido.
Y la persona del reflejo no lo era.
Intentó pronunciar en voz alta el nombre de la persona que figuraba en aquel documento, como si actuando de ese modo consiguiera empaparse de la personalidad de la joven del carnet.
Pero no pudo.
Otro sonido rasposo le indicó que su garganta seguía reseca. Debía encontrar algo de beber o se deshidrataría.
Y entonces escuchó el sonido de unos pasos en el exterior.
Se asomó por la ventana.
Bordeando una enorme piscina, un hombre vestido con elegancia andaba con cuidado. Elina se fijó en él.
Le resultaba familiar.
Reloj personalizado de oro y diamantes de Cartier.
Traje de tres botones de Ralph Lauren.
Camisa de algodón egipcio de Eton.
Zapatos de cordones de Louis Vuitton.
Elina no entendía cómo podía reconocer ese tipo de detalles tan superfluos y sin embargo haberse olvidado de algo tan sencillo como quién era ella.
Tampoco comprendía las razones que hacían de aquel hombre alguien tan familiar.
Ni porqué su rostro lucía una expresión amenazadora.
Ni los motivos por los que empuñaba una Golden Tiger Striped Desert Eagle.



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